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En los últimos años el agotamiento por sobreexplotación de los recursos marinos existentes en los distintos caladeros del mundo, inclusive aquellos que están regulados internacionalmente via FAO a través de las Zonas Regionales de Pesca (Regional Fishery Bodies) , es un hecho constatado y continuo que está llevando a un paulatino declive a áreas de pesca tradicionales. Si bien esto es un hecho indiscutible, no lo es menos el que un porcentaje muy elevado de las capturas son consideradas como descartes: es decir, especies de gran valor organoléptico intrinseco, pero que por ciertas razones como pueden ser su comedida biomasa ó su poca afinidad con los usos gastronómicos de los paises consumidores, no adquieren el suficiente valor añadido como para ser comercializados.

Actualmente no solo se habla de la necesidad imperiosa de aprovechar estos descartes, sino de la posibilidad de rentabilizar lo que podríamos englobar bajo la denominación de subproductos (vísceras, ojos, etc.). Las investigaciones de los últimos años han ido desvelando que esos desechos contienen sustancias de gran valor y potencial aplicación en distintos segmentos industriales: cosmética, alimentación, farmacia, etc. Es así como se habla de ácidos polinsaturados omega 3, concentrados proteicos (FPC), péptidos bioactivos, ingredientes funcionales, etc.
Paralelamente, el estancamiento y declive de los principales caladeros, unido al incremento demográfico de la población a nivel mundial y al aumento de la demanda de productos elaborados en base a derivados de la pesca, ha desencadenado un desarrollo sostenido y ascendente de la actividad en torno a la acuicultura. Cada vez es mayor el rango de especies susceptibles de ser cultivadas e, igualmente, mayor es también el grado de producción. Tal avalancha supone la necesidad de disponer de materias primas adecuadas para la elaboración de piensos destinados a la acuicultura . Esta necesidad no es sencilla de cubrir en base a proteinas animales (aportan mejor absorción intestinal, lo que implica menores dosis para lograr los mismos objetivos) y, de hecho, existe una tendencia creciente a buscar materias primas alternativas de origen vegetal que supuestamente aportan el mismo grado nutricional que aquellas ya mencionadas de origen animal.
La nutrición de peces y crustáceos se ha convertido en una de las áreas de investigación y desarrollo más importantes dentro de la acuicultura. Dicha nutrición, generalmente, constituye la fracción más significativa dentro del presupuesto de las empresas dedicadas al cultivo de estos organismos. Además de los requerimientos nutricionales: proteínas, lípidos, carbohidratos, vitaminas y minerales, en las dietas destinadas a acuicultura, se añaden pigmentos carotenoides, fundamentalmente Cantaxantina y Astaxantina de origen sintético y elevado coste, con el fin de mejorar las características organolépticas (producir un incremento en la pigmentación de la carne –asalmonamiento- en el color de los crustáceos y larvas), aumentando así su valor comercial, y conseguir un efecto probiótico (efecto antioxidante).
Entre la materia prima animal actualmente desaprovechada y fruto de la manipulación a bordo de buques congeladores, se encuentra el cefalotorax del Cangrejo Rojo (Chionoecetes opilio: Brachyura: Majidae), crustáceo sujeto a pesquerías controladas por la FAO y de distribución circunantártica, que se alimenta de algas, crustáceos y moluscos, y que, presumiblemente, aportaría todos los nutrientes necesarios en acuicultura anteriormente mencionados, motivo por el que podría sin duda pasar a ser una fuente animal sostenible de materia prima utilizada en la elaboración de piensos destinados a la acuicultura.
Los objetivos del presente proyecto consisten en la valorización analítica (proteinas y aminoácidos proteinogénicos, lipidos, acidos grasos saturados, mono y poliinsaturados, vitaminas, cenizas y elementos minerales de interés, especialmente calcio y fosforo, carotenoides y quitina) de este recurso y su aplicación inmediata en la fabricación de piensos.
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